¡Qué alegría encontrarnos aquí, en este primer lunes de 2026!

Al iniciar este año Dios ha puesto una palabra específica en mi corazón que quiero compartir contigo: Inconmovibles.

Mientras observaba las rocas del río hace unos días, me detuve a contemplar su proceso. Parecen estáticas, pero están en constante transformación. El agua las golpea, chocan unas con otras, pierden pedazos en cada transición. A simple vista, el río parece desgastarlas, pero en realidad, las está perfeccionando. En ellas se evidencia el dolor que da forma.

En esta aventura de la vida, hay temporadas donde sentimos que perdemos partes de nosotros: sueños que no se dieron, personas que se marcharon o versiones de nosotros mismos que ya no nos pertenecen. Esas “rocas” que somos son golpeadas por las aguas. Pero hoy quiero recordarte que cada pedazo que se suelta en el trayecto nos acerca más al diseño que Dios pensó para nosotros desde el principio. No es una pérdida; es una poda necesaria para que tu verdadera identidad emerja, pulida y hermosa.

Este 2026 nos regala 365 días de oportunidades, pero también nos enfrenta a grandes incertidumbres. La corriente de este mundo es fuerte; intenta empujarnos, a negar nuestros valores, sembrar duda en nuestra fe y diluir nuestra esencia. 

A solo cinco días de haber iniciado el año, ya somos testigos de cómo el mundo se sacude: naciones que enfrentan vientos de cambio y movimientos territoriales, familias que se fracturan y una sociedad cada vez más fragmentada. Pero las corrientes no solo son externas; también navegamos en el ruido de la sobreinformación que intenta robarnos la calma, el bombardeo de ideologías que confunden nuestra identidad y la ansiedad colectiva por un futuro que no podemos controlar. 

Estas son evidencias claras de las fuertes corrientes que traerá este 2026. Por eso, hoy más que nunca, el llamado a ser inconmovibles cobra sentido; no para endurecernos ante el dolor, sino para que nada de lo que ocurra allá afuera logre movernos de nuestra identidad y de lo que hemos creído. Que la presión no nos haga ceder, sino que nos haga más resistentes.

Ser "inconmovibles" este 2026 no significa que no sentiremos los golpes o que el agua no intentará arrastrarnos. Significa que, aunque el entorno sea turbulento, nuestra identidad está segura. Estamos en manos del Creador, quien utiliza la corriente de la vida —con sus retos y sus calmas— para pulir nuestra superficie hasta que brillemos.

Es un llamado a mantenernos firmes en lo que creemos, pues, aunque el entorno cambie, Su Palabra permanece. Y firmes en nuestra identidad, creyendo que no somos lo que el mundo dice de nosotros, sino lo que Dios ha diseñado en Su amor.

Me inspira pensar que no somos piedras rodando solas por accidente. Somos pequeñas rocas guiadas día tras día por la Roca Inconmovible: Cristo. Él es quien dirige el cauce de nuestro río. Él sabe exactamente cuánta presión necesitamos para ser moldeados, pero nunca permitirá que seamos destruidos.

Este inicio de año, te invito a caminar con confianza, plenamente consciente de que, aunque el río golpee, cada impacto solo te está embelleciendo para lo que está por venir. Permanezcamos firmes e inconmovibles en el proceso, manteniendo nuestra mirada fija en nuestro destino final: el Cielo. 

Antes de concluir, te propongo hacer una pausa y reflexionar en esta pregunta:

·       ¿En qué área específica necesitas pedirle a Dios que te haga inconmovible este año?

Te animo a tomar nota de tu respuesta en un lugar especial y concluir esta lectura con la siguiente oración, para que nos guíe durante toda esta semana:

Oración para la semana: “Señor, gracias por este nuevo comienzo. Te pido que este año mi fe sea inconmovible. Que cuando el mundo se mueva, yo encuentre mi firmeza en Ti, mi Roca. Ayúdame a no perder mi esencia y a abrazar cada transición con la certeza de que me estás llevando a mi mejor versión. Amén.”

 

«Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.» (Mateo 7:24-25 - NVI)

 

¡Feliz y bendecido inicio de año 2026!

 

Con cariño,

 

Nataly Paniagua