Mientras recorría aquel túnel de la ciudad, el mundo exterior parecía desvanecerse poco a poco: solo se veía la luz tenue al frente y la línea del asfalto que se extendía sin interrupción hacia adelante. En ese instante, algo tan cotidiano se transformó en una lección silenciosa: conduciendo dentro de un túnel, lo más importante no es la velocidad ni los paisajes que no vemos, sino mantener la mirada fija al frente.
Dentro del túnel no hay espacio para distracciones: las paredes son estrechas, las curvas se presentan sin aviso, y un simple desvío de la vista puede hacer que perdamos el rumbo. Es un ambiente que exige enfoque, atención y calma. Y mientras avanzaba, pensé en mi propia vida.
Ahora, al adentrarnos en noviembre, nos encontramos en la recta final del 2025. Faltan solo 58 días y aproximadamente 1,392 horas para concluir este ciclo. Parece poco, sin duda, pero aún es tiempo de respirar hondo, de recomponer la fuerza interior, de agradecer lo vivido y reafirmar nuestra visión. Este es el momento perfecto para abrazar lo que llamo una visión de túnel: esa forma de mirar la vida con propósito, sin permitir que lo que sucede a los costados robe la claridad del camino hacia nuestro destino.
Porque algo he comprendido este año: la vida no consiste en ver todo con claridad, sino en seguir avanzando incluso cuando la luz apenas se filtra. Y en lugar de describirla como un túnel oscuro e incierto, prefiero verla como un pasillo cubierto que nos prepara para saborear mejor la luz al salir. En ese tramo donde todo parece igual, es justo cuando aprendemos a confiar, a perseverar y a mantener la dirección
Este noviembre nos invita a detenernos un instante —no para rendirnos, sino para recordar por qué comenzamos. Nos invita a mirar hacia atrás solo lo suficiente para medir cuánto hemos crecido, cuánto hemos resistido y cuánto aún queda por alcanzar. Es el mes de los balances, pero también el mes de la visión. Y esa visión requiere enfoque.
Una visión de túnel no es ceguera; es una elección consciente. Es escoger mirar con fe aun cuando el panorama es limitado. Es no permitir que las distracciones —opiniones ajenas, comparaciones, miedos o fracasos— nos hagan perder la dirección que Dios ha trazado para nosotros. Este es el tiempo de volver a mirar hacia lo esencial: tu fe, tu familia, tus sueños, tus proyectos, tu propósito y tu llamado.
Quizás este año no salió exactamente como lo planeaste. Quizás hubo curvas inesperadas, desvíos que no comprendiste o pausas que te desesperaron. Pero incluso en esos momentos, Dios no dejó de guiarte. Cada tramo, cada silencio, cada enseñanza te prepararon para este punto del camino. Ahora, mientras el año empieza a despedirse, te invito a mirar hacia adelante con más claridad, con más determinación y con más confianza que nunca.
Visión de túnel significa confiar en el proceso. Significa no distraerte con lo que no puedes controlar, sino caminar con firmeza hacia lo que sí puedes construir. Es mantener el rumbo, aunque la voz del cansancio susurre en tu oído que te detengas. Es creer que, aunque el túnel parezca largo, hay luz suficiente luz para cada paso que das.
Así que, mientras este noviembre instala su aire de transición, respira profundo, fija tu mirada al frente y sigue avanzando. Limpia tu visión de distracciones. Mira hacia adelante, afirma tu fe, abraza fuerte tu propósito y recuerda que aún queda tiempo suficiente para ajustar el rumbo, para cumplir una meta más, para sanar una relación, para retomar un sueño o para agradecer lo que fue —con la certeza de que, al final del camino, todo tiene sentido, mientras aguardamos nuestro destino final: el cielo.
«Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.»
(Filipenses 1:6 (NVI))
¡Feliz y bendecida semana!
Con cariño,
Nataly Paniagua






